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Estamos en estado de alarma desde el pasado 14 de marzo, y hemos experimentado un cambio radical en todos los campos de nuestra vida, profesional y social.

Estamos confinados en nuestras casas y nos están regulando con un sinfín de normas con escasa vigencia y difícil de aplicar en la mayoría de los casos, basadas en la precipitación y esto que está dando lugar a infinidad de problemas que debemos dar solución; con rigor y mesura.

Lo cierto es que han limitado notablemente nuestra libertad, y cada día que pasa aparecen más limitaciones e intervenciones de lo público en lo privado.

En este despacho hemos instaurado sistemas alternativos para prestar servicios a nuestros clientes y a todo aquel que nos necesite, para estos últimos ponemos a disposición nuestro servicio de consultas no presenciales.

El torrente incesante de normas, a las que se le suman opiniones o dictámenes acelerados, hay que contrarrestarlo con lo mejor que se hacer y para eso hoy usar los canales de los que disponemos. Ignoramos si mañana podremos seguir usando esta libertad que nos ofrece el ciberespacio, y estarán conmigo en que el sentido de intervención que está tomando el día a día y la acumulación del poder en unos pocos, hace pensar que habrá más limitaciones. No soy ajeno a esta situación.

La actividad judicial ha empezado a activarse, levemente, desde el 15 de abril. Pero, el abogado, no solo está para ir a los Juzgados, eso es solo una parte de su función.
Nuestros clientes requieren y necesitan con mayor celeridad, urgencia y dedicación nuestros servicios y aquí seguimos estando.

Hemos adaptado nuestros medios para seguir prestando servicio, porque los problemas siguen y aumentan, sobre todo con la incertidumbre generalizada, de esta situación inédita, que nadie estudio en la carrera ni en la práctica.